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RAINFOREST DEFENDERS / DEFENSORES DE LA SELVA

¿Cómo cubrir mejor la emergencia climática en América Latina?

A través de un proyecto periodístico que dé voz y protagonismo a jóvenes del Amazonas, comprometidos/as en la defensa de sus comunidades y del bosque tropical frente a múltiples amenazas.

El Rainforest Journalism Fund del Pulitzer Center abrió una oportunidad de financiación en otoño 2018 y, junto a la líder medioambientalista brasileña Raquel Rosenberg, de Engajamundo, y con la experiencia y sensibilidad en la cobertura de cuestiones indígenas del joven fotoperiodista y storyteller uruguayo, Pablo Albarenga, nació Rainforest Defenders / Defensores de la Selva, que en Ecuador contó con el apoyo de la Fundación Kara Solar.

La prioridad ha sido aterrizar la cuestión abstracta de la emergencia climática a la dimensión personal. Retratar las preocupaciones, los proyectos, los sueños y las emociones de los y las jóvenes sobre el terreno con un mensaje próximo, con rostro humano; un mensaje de lucha, de emoción y de esperanza.

Ednei, Dani, Drica, Joane y Tupi en el Tapajós brasileño, y Julián, Verónica y Nantu en territorio achuar en Ecuador, conforman una poderosa voz coral cuyo tratamiento periodístico a través de texto, video y fotografía, retrata una realidad a la vez dura, comprometida y abierta al futuro. Máximo cuidado en la cobertura con la sensibilidad de los protagonistas, cuya implicación en todo el proceso periodístico busca que la visibilidad obtenida se traduzca en empoderamiento personal y colectivo.

Estos 8 episodios de la serie Defensores de la Selva, producidos en español, portugués e inglés, se publicaron íntegramente en El País, El País Brasil, Pulitzer Center, además de piezas sueltas en The Washington Post, The Guardian o en el medio chino Intium Media. Pablo Albarenga obtuvo el Sony World Photography Award 2020 por las fotografías de los/as líderes de la serie, con enorme impacto global. English Português

Ednei: Bolsonaro considera a los indígenas un “obstáculo para el desarrollo

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Izquierda: Ednei posa para un retrato sobre las huellas de los camiones de madera que pasan por el borde de su territorio. Derecha: los restos de 26 árboles derribados por una maderera ilegal en territorio indígena Maró, que fueron incautados por el grupo | Pablo Albarenga

Ednei, con 20 años recién cumplidos, es persona de pocas palabras, pero muestra una gran determinación. Tiene muy claro el rol que se le adjudica y está dispuesto a asumirlo con todo el arrojo de su juventud. Es esencial que los miembros de la patrulla indígena adquieran el conocimiento y la experiencia necesarios para la labor de defensa de un territorio sometido a la presión de un entorno hostil y codicioso, que pretende extraer sus múltiples riquezas, empezando por la madera. Las rondas de vigilancia son prolongadas y las condiciones en la selva duras, pero las creencias de estos indígenas les proporcionan a la vez la sabiduría y la valentía necesarias para asegurar el éxito de sus expediciones. Ednei y los suyos saben, junto a tantas otras comunidades indígenas brasileñas, como supervivientes que son de devastadores genocidios, que el mero hecho de existir es resistir.

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Dani: La joven que lucha por los bosques y los derechos LGTB+

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Dani rodeada de plantaciones de soja. | Pablo Albarenga

Dani es una joven activista riberina de 21 años. Pero, para convertirse en lo que hoy es, ha realizado un difícil y valeroso ejercicio de búsqueda de identidad que no se entiende sin comprender el contexto en que tuvo lugar. “Mis luchas aquí no son pocas”, cuenta Dani. “Primeramente, por la preservación del área de conservación de la que forma parte la Flona (Floresta Nacional) en la que vivimos, que está rodeada de sojeiros [cultivadores industriales de soja]. Pero yo estoy implicada en otra lucha”, continua Dani con determinación. "Por la sexualidad, un tema que no es abordado en las comunidades, ni en la escuela, ni en las familias. Aquí era imposible asumir por mis propios medios el hecho de ser lesbiana". Para esta joven menuda, pero desafiante, el vínculo entre la lucha por la identidad sexual y la causa ambientalista de defensa del territorio está muy claro.

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Drica: Resistencia en los quilombos de la Reserva del Río Trombetas

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Vista aérea de la parte más pequeña de la “Mineradora Río Norte” sobre el río Trombetas. A unos diez kilómetros de esta, se encuentra la mina mayor, de aproximadamente 100 km2, junto al territorio de Drica. | Pablo Albarenga

Drica, una joven quilombola que salió a estudiar a Manaos, pero regresó al Trombetas a ejercer de maestra en la escuela, ha sido elegida recientemente para representar a la asociación del territorio, que forman seis comunidades para defender sus intereses frente a mineras y madereros, desde hace ya 18 años. Por primera vez una mujer ocupa ese cargo. Esto genera expectativas pero también reticencias en una sociedad tan tradicional. “El machismo siempre estuvo aquí, desde el principio. Pero con mi elección como coordinadora por primera vez se rompió una barrera. Espero que sirva para que otras mujeres hagan lo mismo”, dice con orgullo. Drica es una mujer valiente, pero tiene por delante una tarea muy difícil. Los riesgos que se ciernen sobre su pueblo, además de la gigantesca mina de bauxita, las madereras y el proyecto hidroeléctrico, son incalculables.

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Joane: El plástico nos está matando en el Tapajós

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Joane posa para un retrato sobre la playa de su comunidad junto a envases plásticos que llegan por el río desde la ciudad más cercana. | Pablo Albarenga

Pese a su juventud, Joane está decidida a que las cosas cambien. La comunidad de Joane podría ilustrar cómo una política comunitaria coherente, aplicada con continuidad en el tiempo, tiene efectos transformadores de largo alcance. Ciertamente, el desafío es grande. Pero la comunidad de Suruacá está suficientemente organizada como para que pueda prosperar. Uno de los problemas añadidos a la generación de residuos sólidos de la propia comunidad es la acumulación de plásticos en la ribera que provienen de los barcos que navegan por el río, o del pueblo de Alter do Chao, incipiente resort turístico en el margen opuesto del Tapajós. El viento y las corrientes arrastran el plástico hasta la playa, que en ocasiones adquiere el aspecto de un verdadero vertedero. Y además de los residuos, está la amenaza del fuego. Primero las hogueras donde los vecinos queman todo tipo de plásticos y gomas, que generan un humo negro, tóxico e inútil. “Esa no es la manera de tratar residuos”, se indigna Joane, y sin embargo no hay familia en Suruacá que no tenga un rincón para su propia fogata.

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Tupí: Experimentar la violencia te hace más fuerte

Tupi
Tupí posa para un retrato sobre la playa de su comunidad, en la aldea San Francisco. El territorio que Tupí defiende es su cuerpo. Sobre su espalda pintada con urucú exhibe un grafismo indígena que representa una serpiente, símbolo de fortaleza. | Pablo Albarenga

(...) Aquí nunca fue fácil vivir. Tupí se reencontró en sus raíces, redescubriendo la fortaleza necesaria a través de afianzar su propia ancestralidad tupinambá y afirmar, a la vez, su feminidad. Le ayudó hacerlo junto a otras mujeres que, con similar valentía, están en la lucha que implica reconocer el abuso, la violación y el maltrato a través de la solidaridad y la acción colectiva. Formar parte de un movimiento de defensa medioambiental, aprender a liderarlo, aprender a construir un espacio propio de libertad es lo que hace de estas mujeres seres excepcionales para su comunidad. Organizarse en la lucha ha sido para Tupí el ancla que le ha permitido salir de la opresión, convertirse en alguien. Participar activamente en las acciones de concienciación y reivindicación que tienen lugar, cada vez con más frecuencia, da sentido a la lucha individual y colectiva.

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Julián, ante la carretera que destruye la selva

Julian
Julián Illanes es un indígena de la comunidad achuar de Ecuador quien lucha por prevenir los impactos de la nueva carretera que está siendo construida dentro de su territorio. A la derecha; Julián recostado; a la izquierda, vista aérea de la carretera | Pablo Albarenga

(...) Todavía en territorio shuar, al pie de la carretera, Julián identifica unas estaciones de extracción de madera. La proliferación de estas estaciones extractivas y el sonido de fondo de las motosierras alarman a Julián y aumentan su escepticismo sobre los beneficios de la pista en construcción. Durante el debate abierto en la casa comunal, los mayores de la comunidad expresan su escepticismo a la llegada de la carretera y no se cansan de repetir los peligros que ésta entraña. Tras la asamblea, Julián queda autorizado a hablar en nombre de la comunidad y a defender la llegada de la carretera, aunque esta decisión no contente a casi nadie. Con bastante más entusiasmo que de la carretera, Julián habla de las decisiones que habrá que tomar, a partir de ahora, para controlar el fuerte impacto inminente. La determinación que encarna Julián es conservar la soberanía, hacer que el nuevo puerto fluvial funcione. Conseguir evitar que la carretera continúe penetrando, inexorable, selva adentro.

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Vero: la matrona del corazón de la Amazonía

Vero
Verónica es una mujer indígena achuar que trabaja como partera en una cultura donde, dice, las mujeres se avergüenzan al dar a luz. A la izquierda, Verónica tumbada sobre la tierra. A la derecha, el jardín de plantas medicinales donde cultiva plantas ance | Pablo Albarenga

(...) Verónica Yunkar, o Vero Cestsenk por su nombre indígena achuar, es una mujer valerosa. Una mujer que ha tomado el control de su propia biografía. La lucha de Vero es mejorar la vida de las madres de su comunidad en la Amazonía ecuatoriana y la de sus bebés. Esta es su manera de contribuir a la defensa de la selva, que ella sostiene con orgullo y determinación. “Nosotras somos mujeres. Como la selva. Por eso debemos ser respetadas. Somos sagradas, como la selva”, asegura. Pero el trabajo de Vero es complejo. Trata de combinar la dimensión sagrada de la maternidad con la mejora activa de la salud de las indígenas. Hoy, Vero no solo asiste partos en Sharamentsa, sino que se desplaza a otras comunidades achuar, incluso más allá. Ella es ya la coordinadora para toda la provincia de Pastaza, pero siempre conectada y más cercana a su comunidad.

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Nantu: el sueño solar

Nantu
Nantu recostado sobre su territorio, junto al bosque primario que busca proteger a través de la no dependencia de combustibles fósiles. | Pablo Albarenga

(...) Este joven tiene una solución para evitar la llegada de una carretera a su pueblo en el Amazonas ecuatoriano: conectar con barcas que usen energía limpia hasta nueve comunidades del territorio achuar. La canoa solar apenas vibra. Se escuchan las voces de proa a popa, y en la confluencia de ambos ríos, unos cuantos delfines de agua dulce emergen para respirar, confiados y cercanos, gracias a que el suave rumor no los ahuyenta. Nantu comprende que este proceso no se detiene sino es con una defensa cerrada del territorio y construyendo una alternativa. Trabaja, por ejemplo, en un proyecto que instalará sistemas de energía alternativos, mucho más amables con una economía verde y circular, de proximidad y subsistencia. La armonía de cualquier desarrollo con el ecosistema actual es, para él, imprescindible.

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José Gregorio: o preservamos la selva amazónica o tomará venganza

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José Gregorio, líder de la Guardia Indígena del Ambiental (G.I.A.), posa para un retrato mostrando el frente de la camisa de su organización en las selvas amazónicas que rodean el río Amacuyacu a su paso por Colombia. | Pablo Albarenga

(...) Liderada por José Gregorio Vázquez, una patrulla de la guardia indígena ambiental remonta el río Amacayacu, en el Amazonas colombiano. Cuenta que, a su regreso a San Martín, inició una conversación con los abuelos, reserva cultural y espiritual de la comunidad, y entabló a la vez un diálogo político con las autoridades. Soñaba con hacer valer los valores de la Constitución colombiana de 1991, que recoge los derechos de las comunidades indígenas a organizar políticamente el territorio y la comunidad. Era el tiempo de la conformación del resguardo indígena Tikuna-Cocama-Yagua, y José Gregorio lo vio claro cuando dijo: “Mi tarea está aquí”. Para él lo importante era reconocer que el sistema territorial forma un todo integrado y que, según dice, “existe una unión entre lo espiritual, lo humano, y lo natural”.

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Lilia: defender la fauna acuática del Amazonas es defender el mundo

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Derecha: Lilia está acostada junto al río Tarapoto. Izquierda: Algunos barcos de pescadores locales en la comunidad donde Lilia vive, junto al río Tarapoto. | Pablo Albarenga

(...) Para Lilia Isolina Java Tapayuri, proteger al delfín rosado es sagrado. Pero el camino de Lilia, como el de tantas otras mujeres indígenas, ha sido el de la lucha permanente y la determinación. En medio del patriarcalismo dominante, en un mundo en que la cosmovisión ancestral sitúa a los hombres en el agua y a las mujeres en la tierra, el control masculino acostumbra a ser absoluto. Y eso es lo que Lilia consiguió gracias a su relación emocional y espiritual con los delfines rosados. Su fascinación, de niña, hizo que en algún momento, animada por su padre, se prestara a colaborar en el cuidado de algunos ejemplares. Y a través de su especial sensibilidad en el cuidado es donde encontró la puerta de acceso a ese mundo, desde siempre intervenido, material y espiritualmente, por lo masculino.

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